Este domingo primero de junio de 2025 se llevarán a cabo las elecciones para que, como sociedad, “podamos elegir” a nuestros jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial de la Federación.
Después de un largo proceso y una estrategia bien coordinada, el Gobierno de México (que se autodenomina Cuarta Transformación) logró desquebrajar un sistema de justicia independiente: eliminó la independencia judicial para que los jueces respondan ante un electorado, en lugar de ante la justicia.
Mucho se ha criticado la Reforma Judicial y aún más las elecciones actuales. Esta publicación no busca sumar una crítica más.
Desde que obtuve mi primer credencial de elector, he participado activamente en cada proceso electoral. Siempre he defendido la importancia del voto y las consecuencias que tiene—tanto emitirlo como abstenerse—; de igual forma siempre he alentado a cumplir con ese deber. Sin embargo, estas son las primeras elecciones en las que he decidido no participar.
Ni bien se observó inminente el día de las votaciones, muchas personas justificaron su negativa de acudir las urnas con el argumento de “no legitimar la votación”. No puedo estar más en desacuerdo.
En un sistema constitucional como el nuestro, la legitimación de una votación no depende de la cantidad de votos emitidos. La elección es legal y válida desde su convocatoria, con independencia de cuántas personas acudan a las urnas.
Sin embargo, hoy tengo la certeza de que mi voto no será útil para el propósito de la elección. No encuentro garantías en el conteo de los votos, ni lógica en que las boletas no utilizadas no sean canceladas o destruidas de manera transparente ante los observadores electorales. Votar por jueces me parece absurdo. Considero que es hasta irresponsable elegir a quienes no conozco ni en su trayectoria ni en su desempeño jurisdiccional. A la gran mayoría no los conozco. Sin embargo, ninguna de estas razones es el motivo principal de mi decisión.
He decidido no votar porque no quiero contribuir a la falsa narrativa oficial que justificó la Reforma Judicial: la idea de que el Pueblo de México deseaba elegir a sus jueces.
Es evidente que el Gobierno—ni siquiera el INE—necesita que la gente acuda a votar. La maquinaria del Estado está enfocada en generar participación y obtener el mayor porcentaje de votantes posible para luego afirmar: “¿Ven cómo la gente sí quería elegir a sus jueces? Tan es así que hubo gran afluencia de votantes”.
¿Qué pasa si la participación es baja? Nada. En un proceso electoral sin transparencia, la votación será declarada un éxito, independientemente del número de ciudadanos que acudan a las urnas. Yo no quiero ser parte de ese discurso.
Yo soy parte de la sociedad mexicana que considera que los jueces deben provenir de la carrera judicial.
Ahora bien, si usted, querido lector, ha decidido votar, permítame contarle de ciertas personas cuya trayectoria conozco y que, principalmente, han hablado por sus sentencias.
He observado cómo los siguientes candidatos ejercen su vocación y capacidad para ser jueces íntegros. A ninguno de ellos los conozco fuera del ámbito jurisdiccional y académico, así que tenga la certeza de que esta recomendación no está sesgada por otro tipo de afinidad.
Si hubiera decidido votar, mi apoyo habría estado con estas personas:
- Cesar David Hernández Hernández
- Concepción Ayala Dionisio
- Edna Matus Ulloa
- Jaime Allier Campuzano
- Jahaziel Reyes Loaeza
- Mario Alberto Gómez Retiz
- Ponciano Velasco Velasco
- Rocío Chong Velásquez
- Victor Manuel Jaime Morelos
He tenido contacto con sus resoluciones en el ámbito del litigio. Algunas han sido favorables y otras adversas para mí, pero todas han sido bien fundamentadas y justas para las partes involucradas. Tengo la certeza de que son jueces extremadamente preparados y que sin duda alguna harían una labor excepcional en caso de que resulten ganadores.
Respecto a los candidatos de carrera judicial que no aparecen en esta lista, aclaro que, o no he tenido oportunidad de conocerlos en su función jurisdiccional, o sus determinaciones han dejado mucho que desear. A los primeros les deseo éxito en estas elecciones.
Por otro lado, para los candidatos que han visto en esta elección una oportunidad de conseguir un nuevo empleo, sabiendo que carecen de la capacidad jurisdiccional e intelectual que el puesto requiere, espero que los resultados les sean totalmente adversos. México necesita los mejores perfiles en la judicatura, no payasos.
